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15/10/2026
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Francisca Valenzuela, sin perdón ni edulcorante: rabia, deseo y patria en Razzmatazz 3
La chilena presentó “Maldita”, su nuevo disco, ante una sala llena de compatriotas que acabó coreando “¡Viva Chile!”.
Hay artistas que cuentan la maternidad desde la postal, y luego está Francisca Valenzuela: sin filtros, sin edulcorantes y sin pedir perdón, como siempre ha sido ella. Su último trabajo, “Maldita”, publicado el pasado 30 de julio, reúne doce canciones que hablan de la depresión posparto, la rabia y el deseo. El domingo 18 de octubre se presentaron en Razzmatazz 3, ante una marea de chilenos a los que la nostalgia les pudo más.
Aunque la sala era pequeña, se sentía llena y cálida, y las luces rojas, desde el primer minuto, le daban un ambiente casi místico. Entonces Francisca salió al escenario con un vestido oscuro de detalles plateados y azules, flecos y botas altas, y abrió el concierto con “Maldita”.
Nadie esperaba un concierto contenido, de los que se escuchan en voz baja, sino justo lo contrario: canciones que escupían ira y que se transmitían en medio de una selva de móviles y una ola de fans que la miraba embelesada. Continuó con temas de sus discos anteriores, como “Muérdete la lengua”, de 2007, y “SOS”, con los que dejó claro que no solo venía a presentar su nuevo trabajo, sino también a defender su trayectoria.
Siguió con “Bugambilia”, la canción que la llevó a una nominación a los Latin Grammy, y “Afortunada”, que se cantó en toda la sala al unísono, como si casi fuera el himno de Chile. En algún momento nos sorprendió con el theremín, moviendo los brazos en el aire para arrancarle ese sonido etéreo sin llegar a tocarlo, algo muy inusual de ver.
Todavía quedaba concierto, cuando nos cantó “Ya no se trata de ti” y luego abrió algunos de los regalos que le dio el público. El cierre fue una apuesta segura, con dos grandes temazos como “Prenderemos fuego al cielo” y, para despedirse, “Buen soldado”, que nos recordó aquellos años en que la descubrimos por Spotify y por qué su cancionero sigue vivo más de una década después.
Salimos de Razzmatazz con la sensación de haber visto algo más que un repaso de temas: fue un reencuentro con nuestra patria y raíces. Al terminar, se escuchó entre el público un «¡Chi!» rotundo al que todos respondimos a gritos, al unísono, con un “¡Viva Chile!”


























