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Decir que la música es una de las cosas más hermosas de la vida es posible gracias a noches mágicas como la del 5 de octubre en el Palau Sant Jordi. ¿Y el artífice? Ara Malikian.
Tal vez sea el violinista más mainstream de nuestro país, pero se lo ha ganado con esfuerzo y talento, sobre todo talento, que de eso va sobrado y lo demostró en un recital de más de 2 horas sobre el escenario. Un público entregado al carismático músico armenio, que en perfecta comunión con él y su fantástica orquesta, no paró de aplaudir todos y cada uno de los impresionantes temas, unos más nuevos y otros ya clásicos de la que podría decirse “nueva música clásica".
Se apagaron las luces y empezó un espectáculo en el que, de entre las sombras e iluminados por los pocos focos que había sobre el escenario, un grupo de violoncellos y violines empezaron a tocar. Entre ellos se encontraba Ara Malikian, en su primer contacto en directo con el público. Acompañado por su orquesta en perfecta sintonía con el músico libanés de ascendencia armenia. Unos impresionantes juegos de luces empezaron a calentar al público para lo que estaba por venir.
La energía que caracteriza a Ara Malikian estuvo presente en todos los movimientos del violinista. Se permitió el lujo de dar la bienvenida en catalán a los espectadores que, agradeciendo el detalle, aplaudieron con ganas. Su Royal Garage World Tour, según sus propias palabras, está dedicado a los garajes, esos espacios en los que tantos músicos han tenido que practicar para convertirse en los artistas que son hoy en día. El concierto de esa noche en el Palau, estaba ubicado dentro de esta gira.
Haciendo gala de un carisma increíble y una vis cómica que ya querrían muchos “cómicos”, antes de cada tema explicaba pequeñas anécdotas que, sean ciertas o no, hacían reír al público. De esta manera tocaron temas como Pisando flores o Kastorium Ragga, para culminar esta parte con una impresionante versión de Sweet Child o'Mine, el mítico tema de los Guns ’n' Roses. Y así es cómo el músico armenio consiguió emocionar a todo el público.
Las siguientes melodías que deleitaron a la platea, Las milongas de Kairo y Bcherolette, mostraron a un Ara divertido e intenso, y bailando. Esto dio pie a uno de los momentos más bonitos de la noche. No hay que olvidar que el violinista ha tenido suerte, teniendo en cuenta su ascendencia. Otros inmigrantes, sean de Armenia o de los otros muchos países que se han encontrado y encuentran en interminables guerras civiles, no han tenido tanta suerte.
Y por eso no pudo faltar un tributo a todos esos artistas inmigrantes que no tuvieron tanta suerte para poder abrirse camino. Por eso, cuando tocó Aliens Office, se reflejó todo el dolor en el rostro del músico, que sentía cada nota que salía de su violín. Tan sentido, que fue el momento perfecto para aparecer “desnudo” sin camiseta, más cercano y abierto a su público.
Podrías estar escuchando a Ara Malikian más de 18 horas seguidas si hiciera falta, nunca tienes suficiente. Sin embargo, la noche estaba llegando a su fin, y con otra versión de la mítica Kashmir de Led Zeppelin, casi estaba terminando el concierto. La mejor manera de cerrar una noche perfecta para Ara Malikian y la excelente banda de guitarras, violines, violoncelos, batería y piano que le acompañaron, fue demostrarle el amor a su audiencia. In The Mood for Love fue lo último que salió de los endiablados dedos del compositor, que regaló un paseo entre las primeras filas del Palau, con su violín en ristre.
Lo único que queda por decir, es que tener la oportunidad de ver a Ara Malikian en un escenario, debería de estar en una lista de cosas que hacer antes de morir. Y para los fanáticos del violinista armenio, el 24 de octubre se estrena el documental sobre su vida, Una vida entre cuerdas (2019), dirigido por su mujer Natalia Moreno.