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28/10/2026

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Sananda Maitreya en Barcelona: el difícil equilibrio entre presente y legado


Sananda Maitreya llegó a La [2] de Apolo reivindicando su presente, pero fueron los clásicos los que encendieron la sala.
 

Un concierto de dos mitades desiguales en el que la apuesta por el repertorio reciente dio paso a una recta final marcada por la fuerza de los clásicos.

Abrir un concierto con la intención de reivindicar el presente es una declaración de principios. También implica un riesgo: cuando un artista cuenta con canciones que forman parte de la memoria musical de varias generaciones, el público no siempre recibe de la misma manera una propuesta que mira hacia delante. En Barcelona, Sananda Maitreya transitó por ese equilibrio durante una actuación que fue creciendo con el paso de los minutos.

The Birds Are Singing, en formato instrumental, abrió la noche y presentó a una banda joven, con personalidad propia, antes de que el protagonismo pasara a la voz. La primera parte se centró en buena medida en el repertorio más reciente, con temas como If I Were, I Saw Her, It Ain’t Been Easy y Dolphin. También hubo espacio para mirar atrás con Delicate y I’ll Never Turn My Back on You (Father’s Words), de su álbum de debut de 1987.

La propuesta tenía coherencia: mostrar a un músico que no quiere vivir únicamente de sus éxitos de otro tiempo. Sin embargo, la ejecución no siempre estuvo a la altura de la intención. La voz presentó algunas dificultades al comienzo y necesitó tiempo para encontrar su mejor tono. La banda sostuvo el recorrido, pero la conexión con la sala fue irregular. La primera mitad funcionó más como una presentación de su identidad actual que como una experiencia capaz de implicar plenamente al público.

La pausa entre ambas partes, además de prolongada, acentuó la sensación de estar ante dos conciertos diferentes.

Cuando el repertorio cambia la temperatura de la sala

Let Her Down Easy abrió la segunda mitad y marcó un cambio progresivo de ambiente. A partir de ahí, los clásicos fueron ganando terreno y la respuesta del público se hizo cada vez más visible. Con O Divina, la pequeña sala dejó de ser únicamente un espacio de escucha para convertirse en una pista de baile improvisada.

Sign Your Name, This Side of Love y Vibrator alimentaron esa dinámica hasta llegar a Wishing Well, el momento culminante de la noche. Después llegaron Supermodel Sandwich, She Kissed Me y Dance Little Sister, prolongando una sucesión de temas que confirmó dónde se encontraba la conexión más inmediata entre el escenario y la sala.

El contraste resultó difícil de ignorar: la voluntad de defender el presente había dado paso a un tramo final mucho más sólido en términos de respuesta colectiva. Eso no invalida la primera parte ni convierte el concierto en un simple ejercicio de nostalgia. Pero sí deja una pregunta sobre la mesa: ¿hasta qué punto puede un artista desprenderse de las canciones que han definido su trayectoria sin perder una parte esencial de su relación con el público?

La voz y la memoria

Con el concierto ya avanzado, la voz parecía haber ganado consistencia. Las dificultades iniciales fueron dejando paso a una interpretación más convincente y, en el bis, Holding On to You ofreció uno de los momentos más emotivos de la noche. La conexión entre artista y público no necesitó grandes gestos para hacerse evidente.

Hay algo singular en reconocer una voz después de tantos años. Basta un timbre familiar para que reaparezcan canciones, lugares y recuerdos personales. La imagen del Walkman resume bien esa experiencia: no se trata únicamente de escuchar de nuevo un éxito, sino de reencontrarse con lo que significó en otro momento de la vida.

Pero la nostalgia tiene un límite como explicación. Si los clásicos siguen funcionando, no es solo porque remitan al pasado, sino porque conservan una capacidad de comunicación que resiste el paso del tiempo. Wishing Well y Holding On to You fueron prueba de ello.

La actuación de Barcelona dejó una primera mitad irregular, una pausa excesiva y una segunda parte mucho más convincente. También mostró a un artista dispuesto a reivindicar su presente, aunque fueran sus composiciones más reconocibles las que terminaran articulando los momentos de mayor intensidad.

Quizá ese sea el verdadero reto: encontrar la manera de que el músico que se es hoy dialogue con el que el público recuerda. En Barcelona, ese diálogo tardó en encontrar su ritmo, pero cuando lo hizo, las canciones volvieron a demostrar por qué siguen ahí.

 
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