La Plazuela: una jarana con raíz para una primavera que no se acaba

11/05/2026

La Plazuela: una jarana con raíz para una primavera que no se acaba

11/05/2026

 

Hoy x Ayer: Iván Ferreiro canta al pasado desde el presente


El cantante gallego revisita su pasado sin nostalgia impostada en un concierto tan elegante como emocional.
 

Hay artistas que huyen de su propio pasado y otros que, al cumplir tres décadas y media en la carretera, deciden reconciliarse con él. Iván Ferreiro pertenece a los segundos. Aunque el gallego siempre ha confesado no ser un devoto de la nostalgia, su nueva gira “Hoy x Ayer” nace precisamente como una catarsis personal: la oportunidad de mirar atrás, tomar perspectiva y, como él mismo ha reconocido, “hacer las paces con su yo de juventud”. Acompañado por el lanzamiento de un vinilo transparente homónimo que reinterpreta sus clásicos desnudándolos hasta la raíz, este tour es una celebración del paso del tiempo sin dramas ni lamentos. Es, sencillamente, cantar las canciones de siempre desde el artista que es hoy.

Bajo esa premisa, el pasado jueves a las nueve en punto y sin preámbulos innecesarios ni artificios grandilocuentes, Ferreiro irrumpió sobre el escenario del Sant Jordi Club. Lo hacía para arrancar un viaje antológico por toda su carrera. El nombre de la gira no engaña a nadie: sobre las tablas conviven el legado de Los Piratas, el Ferreiro más íntimo y el artesano capaz de transformar himnos generacionales en confesiones compartidas.

El espacio, sobrio, pero tremendamente efectivo, estuvo presidido por una gran red de luces led suspendida frente a la banda que oscilaba según el clima de cada composición. A ratos funcionaba como una pared opresiva; en otros, se alzaba para airear las dinámicas del repertorio. Las lámparas repartidas por el suelo y el fondo reforzaban esa atmósfera de directo sofisticado y minuciosamente diseñado; una propuesta alejada del exceso y volcada en una estética orgánica y magnética.

Pero si algo sostuvo la velada fue una acústica impecable de principio a fin. Las guitarras brillaron por su equilibrio, con nervio, detalle y una claridad prácticamente perfecta. Mientras tanto, la voz de Iván, con ese latido quebrado y reconocible al instante, volvió a demostrar por qué sigue conectando con diferentes generaciones. No le hicieron falta grandes discursos: bastaba con que empezara a cantar para que el Sant Jordi Club entero respondiera como un único y atronador coro.

El setlist fue un desfile de imprescindibles sin apenas respiro, planteado del tirón, sin bises impostados ni pausas artificiales. Piezas como “Toda la verdad”, “Extrema pobreza”, “El dormilón”, “Ciudadano A”, “El pájaro azul”, “En el alambre” o “Pensamiento circular” fueron cayendo con la naturalidad de quien maneja un repertorio infalible, medido al milímetro para hacer convivir la nostalgia y el presente.

Uno de los picos de la noche llegó con “El equilibrio es imposible”, momento en el que Santi Balmes, vocalista y líder de Love of Lesbian, saltó a escena para escoltar a Ferreiro. La complicidad entre ambos inyectó una dosis extra de electricidad a un tema que ya pertenece al imaginario colectivo del indie-rock nacional.

El reverso más íntimo de la velada lo firmó “Promesas que no valen nada”. Iván se plantó a solas frente al piano y el recinto transitó, en un parpadeo, del éxtasis al silencio sepulcral. Fue uno de esos raros milagros en los que un pabellón se encoge hasta parecer un refugio íntimo. Casi sin avisar, enlazó ese clima suspendido con una relectura muy particular de “Insurrección” (El Último de la Fila), acogida con una mezcla de sorpresa y emoción reverencial por el público que se animó a cantar como si no hubiera un mañana.

El concierto superó ampliamente las dos horas y, aun así, nadie quería marchar a casa. Cuando las notas de “Turnedo” envolvieron el lugar como el teórico broche de oro, el viaje parecía haber alcanzado su destino lógico. Sin embargo, Ferreiro se guardaba un último golpe emocional: “Mi coco”, aquel clásico de 1997 de su etapa con Los Piratas que desató la catarsis definitiva entre una masa completamente entregada.

No hubo bises porque, sencillamente, no hacían falta. Iván Ferreiro construyó una actuación continua, sólida y profundamente emocional; de esas que no necesitan artificios para permanecer en la memoria. Bastó un repertorio incontestable, una banda afinadísima y miles de voces coreando cada verso como si también les perteneciera.

“Hoy x Ayer” continuará recorriendo ciudades durante los próximos meses, pero lo vivido en el Sant Jordi Club confirmó algo que hace tiempo dejó de estar en discusión: pocos artistas nacionales han sabido envejecer sus canciones con tanta dignidad y verdad como Iván Ferreiro. Porque mientras otros sobreviven a base de nostalgia, él sigue consiguiendo que temas escritos hace veinte o treinta años parezcan hablar exactamente del presente.

 
Autores de la crónica

Santi Puig

Enginyer Tècnic en Química de formació i fotògraf de vocació, m’emociona la música en directe, m’agrada observar i escoltar. Soc català, del barça i faig futing de tant en tant.

Manel Rejano

Comunicador apasionado por la música y guitarrista de bandas indie a finales de los 90, paso la mayor parte del tiempo en la radio y escribiendo crónicas. RADIOHEAD, MUSE, PLACEBO, U2, IVAN FERREIRO, LOL son algunos de los artistas que me hacen amar el rock.

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